Metro de Santiago vs Subte de Buenos Aires

Publicado en Apuntes Urbanos

He escuchado a críticos del "neoliberalismo" chileno afirmar que el metro de allí será muy lindo y extendido pero la clase baja no lo toma porque no tiene para pagar lo que cuesta.

El subte en Santiago de Chile tiene distintas tarifas (pico, valle, bajo) pero pongamos de promedio unos USD 1,25 ($ 6,5). Parece más caro.


Pero tengamos en cuenta que para hacer una comparación justa con el de Buenos Aires hay que entender que el metro de Santiago se extiende 27,5 km de Norte a Sur desde Vespucio Norte hasta Plaza de Puente Alto y 24,5 km de Oeste a Este desde Plaza de Maipú hasta Los Domínicos.
 
A escala, es como si tuvieramos un subte que cubriera de Olivos a Lanús Este


y de Morón a Puerto Madero.



¿Cuántas combinaciones de trenes y colectivos tenemos que tomar nosotros para recorrer estas distancias y cuánto tardamos? A tarifas de hoy, $1,70 de tren y $1,70 de colectivo... sólo ida. Son $6,80 que se suman al costo del subte en si (hoy, $5 ida y vuelta). Y eso, asumiendo que quien toma el tren vive cerca de la estación de origen. Por lo tanto, las clases bajas argentinas pagan bastante más por usar el subte que las chilenas.
 
¿Si realmente el subte de Santiago y el de Buenos Aires fueran bienes sustitutos, alguien -incluso del conurbano profundo- elegiría el nuestro a tarifas populistas regaladas? No. 
 
Para tener un subte como el chileno hay que cobrar lo que cuesta mantenerlo y un poco más. Y endeudarse a largo plazo a tasas bajas para extenderlo a gran velocidad. Y subsidiar al que no puede pagar. En Chile, estudiantes y jubilados sólo pagan USD 0,40... do' pesito', menos que la tarifa populista que tenemos acá tanto para el estudiante como para el ABC1 que lo toma para ir de Belgrano a Tribunales.

"Padre fundador" del movimiento anti-organismos genéticamente modificados descubre la ciencia y se arrepiente

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"Padre fundador" del movimiento anti-organismos genéticamente modificados descubre la ciencia y se arrepiente (en inglés):

For the record, here and upfront, I apologise for having spent several years ripping up GM crops. I am also sorry that I helped to start the anti-GM movement back in the mid 1990s, and that I thereby assisted in demonising an important technological option which can be used to benefit the environment.

As an environmentalist, and someone who believes that everyone in this world has a right to a healthy and nutritious diet of their choosing, I could not have chosen a more counter-productive path. I now regret it completely. So I guess you’ll be wondering – what happened between 1995 and now that made me not only change my mind but come here and admit it? Well, the answer is fairly simple: I discovered science, and in the process I hope I became a better environmentalist


http://www.marklynas.org/2013/01/lecture-to-oxford-farming-conference-3-january-2013/